🍽️ Sección gastro mensual, escrita por @tupollitofavoritoo - sígueles en Instagram si te gusta comer bien.
Cada año, cuando se va acercando el verano, antes de elegir destino, sale con mis colegas el mismo debate. ¿Norte o sur? Hay algunos que no cambian las playas de Cádiz por nada, y quienes esperan volver a sentir el fresco del Cantábrico. Son dos maneras de entender el verano, dos paisajes completamente distintos y, por suerte, dos de las mejores gastronomías de nuestro país.
La realidad es que, pudiendo disfrutar de ambas, ¿para qué elegir? Algunos tienen la suerte de escaparse unos días al norte antes de poner rumbo al Mediterráneo. Y si hay algo que convierte ese contraste en un auténtico lujo no son solo sus playas, sus pueblos, el clima... incluso su fiesta. Es su forma de comer.
En el norte el producto manda. Pescados que no necesitan mucha elaboración para estar cojonudos, churrascos espectaculares, mariscos (que aunque viven su mejor momento durante los meses con “R”, de septiembre a abril, siempre merece la pena acercarse a una buena marisquería) y una cultura del pintxo que convierte cualquier aperitivo en una ruta gastronómica.
Desde las parrillas marineras de Getaria, los bares de Zarautz, el encanto francés de Biarritz, las calles del barrio de la Marina en Hondarribia, los clásicos de Bilbao o el nivel gastronómico de San Sebastián; pasando por Galicia, donde Santiago, Sanxenxo u O Grove son parada obligatoria para cualquiera que disfrute del buen comer (y beber). Y, por supuesto, sin olvidarnos de Cantabria y una Santander que cada verano demuestra que tiene mucho más que ofrecer que una de las bahías más bonitas de España.
Esta no pretende ser una lista de “los mejores”. Es, simplemente, una selección de esos sitios a los que volvería una y otra vez y que, si este verano pasáis por allí, creo que merecen un desvío.
Santander y Cantabria
Santander es una de esas ciudades que se disfrutan paseando. Desayunar con calma, alargar el aperitivo, comer frente al mar y terminar la tarde, casi sin darte cuenta, con unas copillas en Cañadío.
Si hay un imprescindible es El Riojano. Cocina cántabra de producto, raciones generosas y uno de esos restaurantes para reservar con tiempo porque siempre está lleno. Muy cerca, Cadelo y La Magnolia tienen una propuesta más actual pero sin perder de vista el producto.
Si el plan es comer con vistas, el Balneario de La Concha es apuesta segura, más si os animáis con alguno de sus arroces. Y si tenéis a mano coche, merece muchísimo la pena salir unos minutos de la ciudad hasta Pan de Cuco o Primera Vaca.
Para el aperitivo, Santander vive una auténtica fiebre por la tortilla. Cañadío, Diluvio, Casimira o Body son algunas de las más buscadas. Y si hablamos de pinchos, no puede faltar una vuelta por el Mercado del Este, unas anchoítas en el puesto de Doña Tomasa, además de Casa Lita. Si hace buen tiempo, pocos planes superan tomar algo en la Caseta de Bombas frente a la bahía.
Mi recomendación si tenéis un día completo es cruzar en la pedreñera hasta Pedreña y continuar hacia Somo. Allí, Asador Itxaski o El Tronky son dos sitios espectaculares para disfrutar del pescado y el marisco.
Y antes de seguir la ruta, un café en el Centro Botín y subir a su terraza. Las vistas justifican una parada
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Galicia
Galicia juega en otra liga cuando hablamos de materia prima. Mariscos, pescados, carnes y una cocina que entiende que, cuando el producto es de calidad, lo mejor es no complicarlo demasiado.
En Santiago de Compostela empezaría por O Creadoiro, donde muchos dicen que se sirve una de las mejores tortillas del Camino. Muy cerca, Anaco es perfecto para comer en la barra; su steak tartar merece toda la fama que tiene. Y A Maceta es otra recomendación que tengo en el radar pero aún no he podido ir.
Si continuáis hacia las Rías Baixas, Sanxenxo es una parada obligatoria. Taberna Maruca no falla. Y ya en O Grove, capital del marisco, merece la pena reservar en Jueso de Caña, especialmente si sois aficionados al tuétano.
Pero si de verdad queréis entender Galicia, buscad cualquier furancho. Son casas particulares que durante unos meses abren sus puertas para servir el vino (peleón) de su propia cosecha acompañado de tortillas, oreja cocida, empanadas y otras recetas tradicionales. No hay experiencia más gallega que ir a un furancho.
País Vasco
Hablar de gastronomía y hablar del País Vasco es casi casi lo mismo. Aquí el pintxo se ha convertido en una auténtica forma de entender el aperitivo.
En San Sebastián es obligatorio dejarse llevar por la Parte Vieja. Un foie a la plancha en Sport, los pintxos de Gandarias, o una comida en la parte trasera que es restaurante, un paseo hasta el puerto para comer en La Rampa y terminar con la legendaria tarta de queso de La Viña.
Si seguís hacia Hondarribia (o Fuenterrabía), olvidaos de listas y recorred los bares del barrio de La Marina. Es uno de los mejores lugares para ir enlazando pintxos. O ir a Mika, otro de pintxos que está entre mis favoritos.
Bilbao mezcla esa tradición más modernilla. Antxoa Taberna y La Viña del Ensanche son dos clásicos donde ir a por más pintxos. Si tengo que recomendar dos, pediría el de bacalao y los mejillones tigre.
Y si podéis, acercaos también a Getaria y Zarautz. En Getaria tenéis algunas de las mejores parrillas de pescado del país: rodaballo, besugo o el txitxarro llegan prácticamente del barco a la brasa. Zarautz mantiene esas vibes entre ambiente surfero, bares informales y restaurantes donde el producto vuelve a ser el auténtico protagonista.
Y ya que estáis tan cerca, cruzad la frontera hasta Biarritz. Merece la pena pasear por su costa y comprobar cómo la cocina vasca cambia ligeramente de acento.
Y hasta aquí este primer recorrido por el norte.
Seguro que me dejo sitios fuera. Como siempre pasa cuando se habla de gastronomía, cada uno tiene ese bar, esa taberna o ese restaurante que recomendaría por encima de cualquier otro. Esta selección no pretende sentar cátedra, sino compartir algunos de esos rincones a los que siempre volvería y que, si os pillan de paso este verano, creo que merecen una parada.
Pero claro… volvemos a la pregunta del principio. ¿Norte o sur?
La respuesta sigue siendo la misma: si puedes disfrutar de los dos, no hay motivo para elegir. Después del Cantábrico llegará el turno del Mediterráneo y del Atlántico andaluz. En la siguiente publicación pondremos rumbo a Málaga y Cádiz para descubrir esos chiringuitos, bares y restaurantes que hacen que el verano en el sur también se recuerde.
Porque si algo tenemos claro es que, en España, la mejor forma de viajar siempre empieza sentándose a la mesa.









Tiene que estar tipificado de alguna forma en el código penal saltarse Asturias al hablar de la gastronomía del norte de España